
Los Hombres Antiguos
La enigmática y misteriosa Meseta de Tassili Najjer, cuyo nombre en idioma Tamahag, significa meseta de los ríos, sobrepasa toda la imaginación posible.
Es una meseta arenisca de la que emergen macizos secundarios y paredones muy erosionados con profundas hendiduras donde se han hallado restos de poblaciones primitivas que no desaparecieron sin habernos dejado constancia de su existencia.
Su punto más alto es Adrar Afao, con 2158 m. de altura. La ciudad más cercana es Djanet, situada a 10 kilómetros al sudoeste.
Gran parte de Tassili Najjer es zona protegida, tanto por su interés natural, debido a los bosques de cipreses del desierto, como por su interés arqueológico.
Está catalogada como Parque Nacional, Reserva de la Biosfera y Bien Natural y Cultural del Patrimonio Mundial de la Humanidad.
En este lugar podemos contemplar el mayor museo de arte prehistórico existente en nuestro planeta, imágenes que revisten extraordinaria calidad, aunque con cierto riesgo de perderse para siempre.
La región se asemeja a un paisaje lunar. Nos dice Lhote: “Lo deforme y lo fantástico de sus contornos imita graneros derruidos, castillos de ruinosos torreones, gigantes decapitados en actitud de súplica. Atravesando ese dédalo, en él se entrecruzan desfiladeros de piso arenoso, angostos como callejas medievales. Quien allí se aventura cree hallarse en una ciudad de pesadilla”
¿Qué es, en definitiva, el Tassili? Sin duda, la meseta existió desde tiempos inmemoriales. En cuanto a los ríos, es otra historia.
La estructura del macizo, de 800 kilómetros de longitud por 60 de anchura, varía mucho de una zona a otra.Numerosos cañones han sido cavados por las aguas, tanto más profundos cuanto más se alejan de las crestas, Pero el trabajo de las aguas no termina allí, Todo el macizo ha sido erosionado por ellas; la fuerza de las aguas ha machacado literalmente la piedra cincelándola de un modo sorprendente, derrumbándola, burlándola, atravesándola, transformando, a veces en verdaderos bordados de puntilla, enormes bloques rocosos.
¿Las aguas ? ¿En un país donde casi nunca llueve?
Tamrit: Allí encontramos la primera estación de pinturas rupestres.
En el dédalo de pasillos rocosos de Tamrit, las pinturas van apareciendo por doquier, hasta desembocar en un pequeño valle, único en su género.
Todo el lugar está sembrado de taruts, hermosos árboles que los botánicos denominan Cupressus Dupreziana lo que conocemos en Europa como cipreses.
Estos cipreses constituyen una de las más singulares curiosidades del Sahara. El Valle de los Cipreses de Tamrit termina bruscamente con el cañón más impresionante de toda la meseta del Tassili Najjer. Seiscientos metros de caída vertical en lo que debió ser una formidable catarata. Las paredes del cañón están decoradas con grandes manadas de bueyes coloreados en blanco y ocre.
Sesenta y cinco reses caminan en grupo conducidas por sus pastores. Después de explorar las regiones de Tan Zumaitak y de Tamir, Henri Lhote se dirigió, junto con su equipo, al pequeño macizo de Yabbaren.
“Cuando veas Yabbaren -le había dicho su antiguo camarada
Brenans- te quedarás estupefacto”
Y no le mintió. Yabbaren, en el lenguaje de los tuaregs ,significa gigantes. En este lugar es donde están representados los cabezas redondas, en unas pinturas inmensas y desconcertantes.
“Cuando nos encontramos entre las cúpulas de areniscas que se parecen a las aldeas negras de chozas redondas – dice Lhote- no pudimos reprimir un gesto de admiración”
Esta zona se asemeja a una pequeña ciudad, con sus calles y demás elementos urbanos. Todas las paredes están cubiertas por representaciones de estos seres, imágenes de gran tamaño pintadas entre el 7.500 y el 8.000 AC.
Los hombres del Tassili tenían sentido de la decoración y, sin duda, sabían pintar pero, ¿por qué pintaban?
De un modo general, se da por cierto que el arte prehistórico está inspirado en prácticas mágicas. Que ha nacido, en suma, de la religión. Esta regla, sin embargo, no nos parece del todo exacta, puesto que más de un tema pintado o grabado no ofrece la menor apariencia mística y, más bien, diríase que es un producto de pura imaginación.
El tema favorito de los artistas de aquella época era el toro, reproducido en las paredes por millares de ejemplares, casi siempre de gran tamaño, conducidos por pastores. Toros de notable calidad artística que se inspiran directamente en el natural, con una minuciosa preocupación por el detalle, en particular respecto a cuernos, orejas, pezuñas y rabo.
Un hecho curioso y excepcional entre aquellos artistas prehistóricos, era que grababan las figuras antes de pintarlas. A su vez, los personajes, de variada indumentaria, aparecen también con formas rotundas, llenos de gracia y equilibrio.
Su actitud refleja, ante todo, el movimiento. Están representados en posiciones atléticas, disparando flechas durante una cacería, arremetiendo en combates o agrupados en escenas de danza.
Numerosas son también las representaciones de las tareas domésticas, cuadros vivos de la vida privada. Habitaban chozas de formas cónicas, viajaban a horcajadas en sus bueyes y llevaban a las mujeres a la grupa. Su economía se reflejaba en el ganado vacuno.
Todo induce a suponer que el tipo físico no era uniforme y que varias razas convivieron en el mismo periodo. La variedad de indumentaria, que abarcaba largas túnicas, breves taparrabos, vestiduras de fibra, etc., bien pudiera confirmar este punto de vista.
Con todo, el perfil etiópico era el tipo más común. Dominadores del desierto y de los macizos rocosos, los tuareg siempre han sido, sin embargo, conscientes de no ser los primeros habitantes de este país.Cementerios y tumbas individuales situados en mesetas y en terrazas de valles, pinturas sobre paredes rocosas, puntas de flecha desparramadas por el suelo de los antiguos talleres, son el recuerdo permanente de los Kel Iru, los hombres antiguos, también llamados ijjabaren.
En troncos de árboles fosilizados encontramos esqueletos de ijjabaren muertos en combate, marcando sobre la superficie de la madera las heridas que les causaron la muerte.
Estos Kel Iru eran, en efecto, de estatura gigantesca y cavaban en busca de agua con las manos desnudas, formando los puñados de tierra que extraían las dunas del desierto.
Hoy en día, los tuareg vuelven a excavar esos antiguos pozos, que constituyen para ellos una garantía para encontrar agua.
Heródoto, a quien ya citamos, escribía en el siglo VI AC., “…los garamantes, bereberes libios de Fezzan dedicados al pastoreo, tenían la costumbre de atacar a los etíopes con carros de cuatro caballos”
Su relato está ampliamente corroborado por el descubrimiento de numerosas pinturas rupestres que representan carros movidos por caballos, alineados principalmente a lo largo de dos rutas, ambas en dirección al gran codo del río Níger y que partían una de Fezzan y otra del sur de Marruecos.
Estas rutas nos confirman la hipótesis de Lixus y Leptis Magna y corresponden a las dos principales rutas caravaneras de tiempos históricos.
Como los carros de ruedas fueron sustituidos en el Sahara por los camellos, es seguro que las pinturas se refieren a tiempos más antiguos, lo cual ratifica las observaciones de Herodoto y constituye una envidencia de un contacto regular entre el Mediterráneo y el África negra, desde, por lo menos, el siglo V. AC.
Los que mantuvieron dicho contacto fueron, indudablemente, los bereberes del desierto dedicados al pastoreo desde mucho antes del surgimiento de las civilizaciones mediterráneas.
Además del contacto de los pastores del Sur con sus parientes del Norte, en el desierto se pudo desarrollar un comercio de larga distancia. Posteriormente, aunque siempre se mantuvieron ciertos contactos comerciales, la desertización de Sahara aisló el Norte mediterráneo de los pueblos negros del Sur, lo que tuvo consecuencias negativaspara el desarrollo de África.
Así, los pueblos neolíticos que habitaron el Sahara en las épocas húmedas, se fueron dispersando de forma similar a como se hallan en la actualidad.
Escrito por;
Abdurrahman Jimenez